Todavía me acuerdo de ese verano de 1999, yo estaba a punto de salir de la primaria, siempre he sido feo, pero en ese entonces tenia la pancita característica de los niños mal nutridos y los brazos como de Popeye. Los recuerdo a todos: a Leo, a Margarita, Fernando y a veces recuerdo también al negrito serio objeto de mis burlas infantiles que en sueños creo que se suicidó.
Pero lo que más recuerdo con ternura es esa discusión con Margarita: "es que va a robar, pero poquito", me dijo mientras discutíamos sobre las elecciones para gobernador en el estado. El candidato del PAN en coalición con el PRD dueño de la Embotelladora Coca Cola, Concesionario de Ford y Chevrolet y presidente un grupo empresarial (y ex Priista) daba pocas señales de ser un hombre ambicioso y se ganaba rápidamente la popularidad entre las clases marginadas, así que dicho comentario tenía algo de lógica (en especial entre niños de 12 años), pero no representaba algo tan irrebatible así que yo (que en esos entonces ya era consumado Priista, aunque por otras causas) simplemente exclamé : "si tú, chuchis".
Desgraciadamente ganó, pudo más el Tigre Toño que el Pato Lucas (así se manejaba uno a finales de los 90, no había tiempo para nombres completos) y la extraña creencia de que "un hombre rico, roba menos que uno no tan rico", al final la historia nos demostró que un hombre rico no roba más ni menos que uno no tan rico, sino que simplemente lo hace de diferente manera.
En aquel entonces creí que lo ocurrido ese verano de 1999 era algo aislado, que difícilmente se volvería a repetir la experiencia, y la resumí en la máxima que me acompaña hasta estos días: "Pinches pendejos". Pero tiempo después, un hombre más rico y mucho más hablador, por el mismo partido salió en la tele y dijo que quería ser presidente, no pude estar más impresionado, tenía plena confianza en que no ganaría, pero ganó, el que hacia berrinche por el de día de hoy, el que llamaba al de mi partido Mariquita Lavestida. Algo andaba mal: rasuramos padrones, metimos boletas con el mismo folio en ciertas urnas para anularlas, le echamos la mano a otras, se perdieron varias, le compramos bigotes y pulgares falsos a los camaradas, lo de rutina, y aún así perdimos. Esa elección estuvo arreglada, nos pusieron un cuatro.
El mundo cambió para mí, ya no era igual, ahora todo dominado por los reaccionarios y los revolucionarios sin hacer nada. ¿Dónde quedó el espíritu?, ¿Donde quedó el compromiso social?, ¿Donde quedó el brazo que eliminó a Colosio?, se acabó, todo se fue al carajo en forma gargajo a la tumba de Fidel. Un amigo me dijo que el éxito del partido dependía en gran parte de su estructura de tipo militarizada, pero ya nadie respeta la cadena de mando.
Y después ganamos, perdimos y ¿qué mas daba ya?, si se perdió lo que le daba sentido al partido, esa silla, tan letal como una silla eléctrica. Y los ardidos siguen ardidos y los revolucionarios ahora confundidos, mientras la jefa dice que todo va viento en popa, pero ya nada es igual, habría que cambiarle el nombre, esto ya no es revolucionario, esto es un partido más.
Y me parte el alma, y más aún, me parte donde más me duele, en mi bolsillo.

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